Conducción Afectada: Leyes y Consecuencias
Conducir Bajo la Influencia - El Panorama General

Conducir Bajo la Influencia de Drogas y Alcohol: El Panorama General

Updated 2 de Febrero de 2021

La conducción afectada por el alcohol y las drogas es responsable por una increíble pérdida de vidas en los Estados Unidos. En 2016, se sabe que al menos 10.497 personas murieron en accidentes de tránsito relacionados con el alcohol. Esto equivale al 28% de todas las muertes de tránsito de ese año. Por estado, el porcentaje de muertes de tránsito con conducción afectada por el alcohol varía desde un bajo 19% (Utah) hasta un alarmante 45% (Montana y North Dakota).

Para clasificarse como un incidente “afectado por el alcohol”, uno o más conductores involucrados deben tener una concentración de alcohol en la sangre de 0.08% o mayor, por encima del límite legal. Aunque no siempre es fácil determinar hasta qué punto el impedimento por alcohol contribuye a estas colisiones y sus resultados mortales, sabemos que un BAC de 0.08% puede provocar problemas significativos de reacción, cognición y habilidad motora. Es probable que muchas de estas muertes se hubieran podido evitar si se eliminara el alcohol de la ecuación.

El impacto de la conducción afectada por las drogas es difícil de medir, aunque se piensa que representa alrededor de 16% de todos los accidentes de tránsito. La Administración Nacional de Seguridad del Tráfico en las Carreteras (NHTSA) publicó los resultados de un estudio de carreteras de 2015, que buscaba identificar cómo la conducción afectada influía en el riesgo de un conductor de verse involucrado en un accidente. Los resultados muestran lo siguiente en comparación con un conductor en óptimas condiciones:

  • Un conductor afectado por una droga ilegal (no medicinal) tiene 21% más de probabilidades de chocar.
  • Un conductor afectado por la marihuana tiene un 25% más de probabilidades de chocar.
  • Un conductor afectado por sedantes tiene un 30% más de probabilidades de chocar.

El estudio también demostró que el uso de analgésicos opiáceos (como morfina y oxicodona) aumentan significativamente el riesgo de un conductor de sufrir un accidente. Además, descubrieron que la combinación de impedimentos por droga y alcohol hace que los conductores sean cinco veces más propensos de verse involucrados en una colisión.

El deterioro de manejo por drogas y alcohol no solo aumenta drásticamente tus posibilidades de verte involucrado en una colisión sino también aumenta las posibilidades de morir en una. Según datos recopilados por el Departamento de Transporte de Texas en 2013, una persona involucrada en una colisión por conducción afectada tiene más de 10 veces más probabilidades de morir que una persona involucrada en una colisión con conducción no afectada.

Demasiados conductores creen que su capacidad de manejo es constante y no se verá afectada por las drogas o el alcohol. Tristemente, incluso los pequeños cambios de estado de ánimo, coordinación física, cognición, visión y percepción pueden llevar a errores mortales en la carretera. Como respuesta a la epidemia de la conducción afectada, la NHTSA lanzó una campaña a nivel nacional de “si te sientes diferente, manejas diferente” para ayudar a los conductores afectados por el alcohol y las drogas a identificar cuando no están en condiciones para manejar. Las leyes de tránsito y las sanciones son armas eficaces en la lucha contra la conducción afectada, pero la conciencia propia es clave para salvar vidas.

Historia de la conducción afectada

El problema de la conducción afectada por el alcohol se reconoció por primera vez en los primeros años de la década de 1900, a medida que la producción masiva de automóviles incrementó drásticamente la cantidad de vehículos en la carretera. New York se convirtió en el primer estado en hacer que la conducción bajo los efectos del alcohol fuera una infracción, confirmando una ley que indicaba que “ninguna persona intoxicada debe conducir un vehículo motorizado”. Fue un paso en la dirección correcta y otros estados lo siguieron. Desafortunadamente, las primeras leyes sobre el consumo de alcohol no especificaron el nivel de intoxicación que calificaba para romper la ley. Además, los oficiales de policía tenían que confiar en sus propias observaciones para determinar si un conductor estaba afectado por el alcohol, lo que había muy difícil cumplir con la ley.

En 1936, se inventó una versión temprana de lo que hoy conocemos como alcoholímetro. El acertadamente llamado “borrachómetro” (“drunkometer”) tenía un globo llenado con una solución química que cambiaba de color cuando una persona intoxicada lo soplaba. La intensidad del color indicaba cuánto alcohol tenía en la sangre. Era una prueba cruda e imprecisa en comparación al alcoholímetro que conocemos hoy.

Para 1954, las pruebas de alcoholemia se volvieron habituales para las patrullas de policía. Esta nueva pieza de tecnología dio a los policías una forma portátil, precisa y no invasiva de precisar cuánto alcohol tenía una persona en su torrente sanguíneo. Ahora que el BAC se puede probar con precisión, el gobierno se dio a la tarea de establecer un límite BAC máximo por encima del cual un conductor pudiera ser acusado por conducir bajo la influencia. Lamentablemente, el poco estudio y conocimiento de las intoxicaciones hizo que el BAC se fijara inicialmente en 0.15%. Ahora sabemos que la capacidad de manejo se ve afectada de gran manera bastante por debajo de ese nivel. Como resultado, la nueva ley hizo poco para contener las colisiones afectadas por el alcohol y las muertes de tránsito. El problema empeoró y para 1982, el deterioro de manejo por consumo de alcohol jugaba un papel en alrededor del 60% de las muertes relacionadas con el tránsito.

A través de los años ‘70 y ‘80, empezaron a surgir grupos de acción para luchar contra la conducción en estado de ebriedad. “Remove Intoxicated Drivers” (RID) y “Mothers Against Drunk Drivers” (MADD) llamaron particularmente la atención al problema del consumo de alcohol en menores de edad, reconociendo que los adolescentes y las personas jóvenes representaban una gran porcentaje de las muertes de tránsito por conducción afectada por el alcohol. En parte como resultado de estas acciones, en 1984 se estableció la Ley Nacional Sobre la Edad Mínima Legal para el Consumo de Alcohol. En todos los estados, la edad mínima para comprar y poseer alcohol se elevó de 18 a 21 años. El gobierno federal no pudo obligar a los gobiernos estatales a adoptar esta ley pero al enfrentarse a una reducción del 10% del financiamiento federal para las autopistas en caso de no cumplir, decidieron apoyar la medida. Para 1988, todos los 50 estados y el Distrito de Columbia habían establecido los 21 años como la edad mínima para el consumo de alcohol. Desde los años ‘90, todos los estados han adoptado una ley de “tolerancia cero” que permite acusar a los conductores menores de edad de DUI si tienen cualquier nivel de alcohol en la sangre estando al mando de un vehículo.

Tras un incentivo económico fijado por el gobierno federal en 1998, el límite BAC legal se bajó de 0.15% a 0.08% en el año 2000. En cuestión de cinco años, todos los 50 estados y el Distrito de Columbia adoptaron el límite de consumo de alcohol de 0.08%. Todavía es posible estar afectado por el alcohol (y afrontar cargos por DUI) con un BAC menor a 0.08%. Sin embargo, el nuevo límite más estricto tuvo un efecto positivo casi inmediato en la cantidad de accidentes de tránsito por conducción afectada por el alcohol alrededor del país. Las muertes por conducción en estado de ebriedad disminuyeron un 20% en el año siguiente a la confirmación del nuevo límite y han permanecido relativamente estables desde ese entonces.

Utah ha votado recientemente para bajar el límite BAC legal a 0.05% en un intento por reducir todavía más las muertes de tránsito por alcohol. Dependiendo de cómo este cambio se refleje en las estadísticas de DUI en los próximos años, es posible que otros estados hagan lo mismo. En última instancia, la forma más efectiva de contener la conducción afectada es mejorar la concientización del conductor. Cuando comprendes por completo las consecuencias potencialmente devastadoras de ponerte al volante estando afectado, es probable que juegues a la segura y dejes las llaves en casa.

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